La claridad entraba en la habitación a través
de la ventana, pero no porque estuviera abierta, sino porque había pequeños
huecos en la persiana y la luz conseguía colarse por ellos.
Una chica, de pelo alborotado y maquillaje
corrido la abrió, la misma que segundos antes dormía plácidamente sobre unas
mantas. Había abierto la ventana por una sola razón, despertar a su amiga; O al
menos eso creía.
Comenzó a pensar en la noche
anterior, la razón por la que ahora se encontrara en esa habitación de casa
ajena y no la suya: Era verano y aquella noche, en el parque a las afueras de
su ciudad, tocaba echar a volar fuegos artificiales.
Básicamente era una excusa para los chicos de
su edad de ir a pasarlo bien, sin preocupaciones. Asique recordó que cuando
llegó su pequeña pandilla ya estaba allí, eran 5.
La pareja desapareció, dejando a
tres de ellos allí. Su amiga, un chico al que decían Max aunque para nada era
su nombre, y ella. Digamos que a la hora, tras dos cervezas el chico se fue,
dejándolas a ellas dos allí.
"Ellos se lo pierden" pensó
"para un año que tenemos el mejor sitio no pienso perdérmelo" y dio
el último trago a su bebida. Miró a su izquierda y vio a su amiga, la luz le
hacía el pelo incluso más rubio. Al poco comenzaron a sonar los fuegos
artificiales... Y con ello algo inesperado, cuando se quiso dar cuenta y sin
saber por qué los labios de su amiga se encontraban sobre los suyos
"alcohol" se dijo.
Y volvió a la realidad, un cojín
le había impactado en la cara y su amiga no saldría ilesa de aquello, nunca lo
había hecho y ahora seguía siendo igual.