martes, 18 de agosto de 2015

Old outfit, new generation.

We wish we were from the 80's
we listen to their music
more than we care about 40 charts.
We wish we had lived Woodstock
we would prefer to peace out
than to talk on the mobile phone.
We wish we made the rules for our own good
we see life as our enemy but
not more than people used to.
We are a new generation
trying to figure out how
to love,  to see, to talk and to live
just as we are supposed to.
But we won't. We won't listen, we'll keep fighting. We'll keep bleeding.
We'll keep being ourselves.

jueves, 13 de agosto de 2015

Palabras nocturnas.

A veces me pregunto por qué cogemos el camino largo para volver después de clase, si es por evitar pasar más tiempo del inevitable en casa o por buscar nuevas aventuras que nunca llegan. O por qué queremos irnos de casa antes de lo 18 cuando ni siquiera entendemos nuestro sí y nuestro no. A veces, a veces,... ¿Qué es eso que llaman amor? ¿Qué es el volar? ¿Qué se siente realmente al llorar...?
Y no hay respuestas, morimos sin ellas. Pero no aprendemos, siguen ahí, están ahí, y flotan en el aire. Cuando pasa algo te preguntas el por qué pero callas y quizás es miedo, o cobardía.
No sé por qué nos cuesta hablar incluso cuando hace bien, porque hay veces que es lo mejor pero no. Detenemos nuestra lengua en su camino a formular sonido y nos escondemos y entonces creemos que en la respuesta está en la huida y no. Hay que afrontar las cosas de cara y que el tiempo haga de las suyas. Hay que ser sinceros.
Hay que aprender a hablar en voz alta con nosotros mismos.
Y mirarnos a la cara.
Y saber decir quiénes somos sin escondernos de todo, de nosotros.
A veces me pregunto qué le diría a mi yo de pequeña y me doy cuenta de que ella no lo entendería porque ni yo me hago caso, no me escucho,... hago oídos sordos a mis palabras. Le diría tantas cosas,... tantas como países, pero no me creería. Ni yo me creo.
Hay que saber nadar a veces, sacar la cabeza del agua antes de ahogarnos y respirar llenando los pulmones del todo.  Y soltarlo, muy lentamente.

Deberíamos dejar las preguntas, las respuestas,... y vivir. Queremos buscarle explicación a todo y, bueno, respirar sirve para vivir, hay que aprovecharlo. Para algo nos dieron esa capacidad. 

viernes, 22 de mayo de 2015

En clase de historia nacen cosas que contar.

La lluvia cae del cielo
y se convierte en hielo
al tocar levemente
la punta de tus dedos.

Mas frío yo no siento
ni con un suspiro
caído en mi cuello
ni tus dedos en mi cuerpo.

De tus labios
surge un beso
y de los míos
un te quiero.

De tus labios
mil promesas,
de los míos
aspereza.

No robes
mi alma
que aún
aguanta.

sábado, 25 de abril de 2015

¿Y si cada corazón late en forma de ciudad?

Nicolas estaba en un banco del parque mientras su chica, como le gustaba llamarla, se encontraba en la habitación del hotel cambiándose. Ambos se hallaban de viaje por Europa desde hacía un par de semanas y esta vez la parada había sido Barcelona. Llevaban ya dos noches y el día siguiente sería el último.
Nicolas podría estar en el hotel si no fuera porque el día anterior, mientras andaban por algunos de los recovecos de la ciudad, se enteró de algo llamado “Sant Jordi” y su tradición, le pareció bonito a la par de romántico y, por eso, sin que Anne se enterara había salido a por un libro y una rosa.
El libro era su favorito, Madame Bovary, en una edición un tanto especial. No sabía cómo había dado con él pero se trataba de una de las primeras ediciones en francés. El librero, un señor muy simpático, le explicó que en aquella librería iban a parar todo tipo de libros.
Dos calles después, mientras continuó su camino, se encontró con una pequeña floristería y le compró la rosa más roja que vió, además de una tarjeta sencilla donde escribió dos líneas:

“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
tu pupila en mi pupila azul
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú”
-G.A. Bécquer.

Y aquello, como todo, tenía historia.
Anne apareció por el camino del parque, llevaba un vestido azul oscuro con algo de encaje, un sombrero y sus pendientes favoritos; Los tacones eran lo justo y su barra de labios era color rojo cereza; sus pecas, bajo sus ojos, eran pequeñas motas casi invisibles que bien recordaban a las estrellas y a Nico le encantaba observarlas cuando salían a la luz.
Tras un tierno beso en los labios le tendió la rosa junto con el libro, Anne se extrañó, pero cuando vió de qué se trataba se echó a sus brazos, abrazándole. Luego, muy despacio, se separó y le preguntó a qué se debía aquello, él le dio un beso en la nariz y le dijo “Es Sant Jordi, ¿No lo sabías? Un San Valentín de rosas y libros.” Anne le volvió a dar un abrazo y le dijo tonto, pero durante la noche los “te quiero” fueron más. Y mejores.




Marco no dejaba de mirarla, estaba preciosa ese día, no es que no se hubiese fijado en ella durante la semana, simplemente no había surgido. Pero tenía que ser suya esa noche, al menos un baile. Cuanto más la miraba, más pensaba que de noche era otra persona completamente. Llevaba unos pitillos negros y una camiseta sin mangas, el maquillaje era el justo, pero le hacían aparentar un par de años más.
Amaia, nunca olvidaría su nombre o sus ojos oscuros. Posiblemente no se volvería a ver después de que transcurrieran cuarenta y ocho horas, cuando él volviera a su ciudad junto a sus compañeros, dado que ya habían malgastado el tiempo italiano de los españoles. O quizás debía ocurrir así.
No se lo pensó dos veces, cuando vió que Amaia se quedaba sola, se acercó. Nunca habían hablado, salvo un saludo una vez... algo que no contaba. Pero era suficiente.
-Estás muy guapa.- Le dijo con un claro acento italiano.
-Gracias.- Bebió de su bebida, interrogándole con la mirada.
-Baila conmigo.- Le tendió una mano pero ella se negó.
-No eres el primero que lo intenta.-Señaló a dos chicos que charlaban animadamente con unas chicas en la barra.
-Pero soy mejor. – Amaia sonrió y chasqueó la lengua.
-De acuerdo, un baile.
La primera canción era movida, y ambos se divertían. Cuando llegó la segunda Marco le susurró algo al oído parecido a “un placer” y la besó en la comisura de los labios. Amaia se preguntó por qué los italianos debían tener tal encanto y antes de que se fuera le cogió de la mano.
-¿Me concederías otro baile?- Le miró a los ojos y él sonrió.
Esta vez la canción era lenta así que se acercó a ella aún más y bailaron en el sitio, muy juntos. Marco la besó en el cuello y su piel se erizó, luego acercó su boca a su oreja y le susurró algo. Una letra en español que conocía muy bien, en sí era empalagosa pero saliendo de aquellos labios italianos era aún mejor, “Todo, todo, todo, yo quiero contigo todo...”
Amaia no se lo pensó dos veces y se dejó hacer, se besaron bajo aquellas luces y sombras de bar, compartieron sonrisas. Y se robaron besos y caricias una y otra vez.

Esta entrada merece ser dedicada, es una ñoñada pero... Chris, para ti.

lunes, 13 de abril de 2015

Tonterías sin nombre.

Me gustan las gotas de lluvia, son pequeñas y vuelan. Son todas diferentes y a veces se fusionan.
Me gustan las estrellas, esos puntos brillantes que a millones flotan en el cielo, a veces no las vemos pero siguen ahí. Son puntos de guía que tan solo nos abandonan durante la tormenta. Son la luz.
Me gusta el mar y su sonido, ese encerrado en una caracola. El olor a salitre y la leve brisa de primavera, o simplemente el sol y el cielo azul.
Me gustan las pequeñas cosas, como el polen, aunque no me pueda acercar a él. ¿Y si un día salgo volando? Quizás Peter venga la próxima vez.


lunes, 9 de marzo de 2015

A+place


Somewhere in Neverland, that's where I thought I belonged when I was 5. I never thought of being a princess or either did I think of marrying a blue-blooded prince,I just wanted freedom. Or maybe, I just liked Peter Pan a bit too much.
When I was 10 I danced to breathe, and I studied to have my own peace.
As I grew I knew that we find where we belong as time passes by. Sometimes we just don't realize we got there until we die.
Five years later I was lost... Where do I belong?  My question was answered a little bit later on.
At 18 I found my A+ place, where I did belong.