Nicolas estaba en un banco del
parque mientras su chica, como le gustaba llamarla, se encontraba en la
habitación del hotel cambiándose. Ambos se hallaban de viaje por Europa desde
hacía un par de semanas y esta vez la parada había sido Barcelona. Llevaban ya dos
noches y el día siguiente sería el último.
Nicolas podría estar en el hotel
si no fuera porque el día anterior, mientras andaban por algunos de los
recovecos de la ciudad, se enteró de algo llamado “Sant Jordi” y su tradición,
le pareció bonito a la par de romántico y, por eso, sin que Anne se enterara
había salido a por un libro y una rosa.
El libro era su favorito, Madame
Bovary, en una edición un tanto
especial. No sabía cómo había dado con él pero se trataba de una de las
primeras ediciones en francés. El librero, un señor muy simpático, le explicó
que en aquella librería iban a parar todo tipo de libros.
Dos calles después, mientras
continuó su camino, se encontró con una pequeña floristería y le compró la rosa
más roja que vió, además de una tarjeta sencilla donde escribió dos líneas:
“¿Qué es poesía?, dices mientras
clavas
tu pupila en mi pupila azul
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo
preguntas?
Poesía... eres tú”
-G.A. Bécquer.
Y aquello, como todo, tenía
historia.
Anne apareció por el camino del
parque, llevaba un vestido azul oscuro con algo de encaje, un sombrero y sus
pendientes favoritos; Los tacones eran lo justo y su barra de labios era color
rojo cereza; sus pecas, bajo sus ojos, eran pequeñas motas casi invisibles que
bien recordaban a las estrellas y a Nico le encantaba observarlas cuando salían
a la luz.
Tras un tierno beso en los labios
le tendió la rosa junto con el libro, Anne se extrañó, pero cuando vió de qué
se trataba se echó a sus brazos, abrazándole. Luego, muy despacio, se separó y
le preguntó a qué se debía aquello, él le dio un beso en la nariz y le dijo “Es
Sant Jordi, ¿No lo sabías? Un San Valentín de rosas y libros.” Anne le volvió a
dar un abrazo y le dijo tonto, pero durante la noche los “te quiero” fueron
más. Y mejores.
Marco no dejaba de mirarla,
estaba preciosa ese día, no es que no se hubiese fijado en ella durante la
semana, simplemente no había surgido. Pero tenía que ser suya esa noche, al
menos un baile. Cuanto más la miraba, más pensaba que de noche era otra persona
completamente. Llevaba unos pitillos negros y una camiseta sin mangas, el
maquillaje era el justo, pero le hacían aparentar un par de años más.
Amaia, nunca olvidaría su nombre
o sus ojos oscuros. Posiblemente no se volvería a ver después de que transcurrieran
cuarenta y ocho horas, cuando él volviera a su ciudad junto a sus compañeros,
dado que ya habían malgastado el tiempo italiano de los españoles. O quizás
debía ocurrir así.
No se lo pensó dos veces, cuando
vió que Amaia se quedaba sola, se acercó. Nunca habían hablado, salvo un saludo
una vez... algo que no contaba. Pero era suficiente.
-Estás muy guapa.- Le dijo con un
claro acento italiano.
-Gracias.- Bebió de su bebida,
interrogándole con la mirada.
-Baila conmigo.- Le tendió una
mano pero ella se negó.
-No eres el primero que lo
intenta.-Señaló a dos chicos que charlaban animadamente con unas chicas en la
barra.
-Pero soy mejor. – Amaia sonrió y
chasqueó la lengua.
-De acuerdo, un baile.
La primera canción era movida, y
ambos se divertían. Cuando llegó la segunda Marco le susurró algo al oído
parecido a “un placer” y la besó en la comisura de los labios. Amaia se
preguntó por qué los italianos debían tener tal encanto y antes de que se fuera
le cogió de la mano.
-¿Me concederías otro baile?- Le
miró a los ojos y él sonrió.
Esta vez la canción era lenta así
que se acercó a ella aún más y bailaron en el sitio, muy juntos. Marco la besó
en el cuello y su piel se erizó, luego acercó su boca a su oreja y le susurró
algo. Una letra en español que conocía muy bien, en sí era empalagosa pero
saliendo de aquellos labios italianos era aún mejor, “Todo, todo, todo, yo
quiero contigo todo...”
Amaia no se lo pensó dos veces y
se dejó hacer, se besaron bajo aquellas luces y sombras de bar, compartieron
sonrisas. Y se robaron besos y caricias una y otra vez.
Esta entrada merece ser dedicada, es una ñoñada pero... Chris, para ti.
Esta entrada merece ser dedicada, es una ñoñada pero... Chris, para ti.
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