sábado, 25 de abril de 2015

¿Y si cada corazón late en forma de ciudad?

Nicolas estaba en un banco del parque mientras su chica, como le gustaba llamarla, se encontraba en la habitación del hotel cambiándose. Ambos se hallaban de viaje por Europa desde hacía un par de semanas y esta vez la parada había sido Barcelona. Llevaban ya dos noches y el día siguiente sería el último.
Nicolas podría estar en el hotel si no fuera porque el día anterior, mientras andaban por algunos de los recovecos de la ciudad, se enteró de algo llamado “Sant Jordi” y su tradición, le pareció bonito a la par de romántico y, por eso, sin que Anne se enterara había salido a por un libro y una rosa.
El libro era su favorito, Madame Bovary, en una edición un tanto especial. No sabía cómo había dado con él pero se trataba de una de las primeras ediciones en francés. El librero, un señor muy simpático, le explicó que en aquella librería iban a parar todo tipo de libros.
Dos calles después, mientras continuó su camino, se encontró con una pequeña floristería y le compró la rosa más roja que vió, además de una tarjeta sencilla donde escribió dos líneas:

“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
tu pupila en mi pupila azul
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú”
-G.A. Bécquer.

Y aquello, como todo, tenía historia.
Anne apareció por el camino del parque, llevaba un vestido azul oscuro con algo de encaje, un sombrero y sus pendientes favoritos; Los tacones eran lo justo y su barra de labios era color rojo cereza; sus pecas, bajo sus ojos, eran pequeñas motas casi invisibles que bien recordaban a las estrellas y a Nico le encantaba observarlas cuando salían a la luz.
Tras un tierno beso en los labios le tendió la rosa junto con el libro, Anne se extrañó, pero cuando vió de qué se trataba se echó a sus brazos, abrazándole. Luego, muy despacio, se separó y le preguntó a qué se debía aquello, él le dio un beso en la nariz y le dijo “Es Sant Jordi, ¿No lo sabías? Un San Valentín de rosas y libros.” Anne le volvió a dar un abrazo y le dijo tonto, pero durante la noche los “te quiero” fueron más. Y mejores.




Marco no dejaba de mirarla, estaba preciosa ese día, no es que no se hubiese fijado en ella durante la semana, simplemente no había surgido. Pero tenía que ser suya esa noche, al menos un baile. Cuanto más la miraba, más pensaba que de noche era otra persona completamente. Llevaba unos pitillos negros y una camiseta sin mangas, el maquillaje era el justo, pero le hacían aparentar un par de años más.
Amaia, nunca olvidaría su nombre o sus ojos oscuros. Posiblemente no se volvería a ver después de que transcurrieran cuarenta y ocho horas, cuando él volviera a su ciudad junto a sus compañeros, dado que ya habían malgastado el tiempo italiano de los españoles. O quizás debía ocurrir así.
No se lo pensó dos veces, cuando vió que Amaia se quedaba sola, se acercó. Nunca habían hablado, salvo un saludo una vez... algo que no contaba. Pero era suficiente.
-Estás muy guapa.- Le dijo con un claro acento italiano.
-Gracias.- Bebió de su bebida, interrogándole con la mirada.
-Baila conmigo.- Le tendió una mano pero ella se negó.
-No eres el primero que lo intenta.-Señaló a dos chicos que charlaban animadamente con unas chicas en la barra.
-Pero soy mejor. – Amaia sonrió y chasqueó la lengua.
-De acuerdo, un baile.
La primera canción era movida, y ambos se divertían. Cuando llegó la segunda Marco le susurró algo al oído parecido a “un placer” y la besó en la comisura de los labios. Amaia se preguntó por qué los italianos debían tener tal encanto y antes de que se fuera le cogió de la mano.
-¿Me concederías otro baile?- Le miró a los ojos y él sonrió.
Esta vez la canción era lenta así que se acercó a ella aún más y bailaron en el sitio, muy juntos. Marco la besó en el cuello y su piel se erizó, luego acercó su boca a su oreja y le susurró algo. Una letra en español que conocía muy bien, en sí era empalagosa pero saliendo de aquellos labios italianos era aún mejor, “Todo, todo, todo, yo quiero contigo todo...”
Amaia no se lo pensó dos veces y se dejó hacer, se besaron bajo aquellas luces y sombras de bar, compartieron sonrisas. Y se robaron besos y caricias una y otra vez.

Esta entrada merece ser dedicada, es una ñoñada pero... Chris, para ti.

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